martes, 8 de octubre de 2013

Omega 3 para salvaguardar la memoria


Memoria y concentración con Megafort omega3 scc

Los omega-3 de cadena larga, que se encuentran principalmente en el pescado azul y cuyos representantes son el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico) protegen el sistema nervioso. En la composición del cerebro está encontramos sustancias, como es el caso de las vitaminas, los minerales, los aminoácidos esenciales y los ácidos grasos esenciales, especialmente los ácidos grasos poliinsaturados omega-3, que nuestro cuerpo no puede sintetizar y que se pueden aportar sólo a través de la alimentación o la suplementación alimenticia.
Los ácidos grasos poliinsaturados, especialmente el DHA, forman parte de los fosfolípidos de la membrana celular, constituyendo entre un 21% y un 26% de los ácidos grasos presentes en las membranas. En el cerebro de una persona adulta, los lípidos constituyen aproximadamente un 50-60% de su peso seco, y de ellos, el 35% son ácidos grasos poliinsaturados, la mayoría de los cuales son de cadena larga (EPA y DHA). 

Con la edad, los procesos enzimáticos encargados de la renovación de los ácidos grasos poliinsaturados de las membranas neuronales van perdiendo eficacia y estos están cada vez menos protegidos frente a su destrucción por los radicales libres de oxígeno. 

El consumo diario de omega-3 proveniente de aceite de pescado durante 5 semanas mejora significativamente la memoria en sujetos sanos.
Con el objetivo de evaluar los efectos de la suplementación de la dieta con omega-3 proveniente de aceite de pescado sobre las aptitudes cognitivas en individuos sanos, 40 voluntarios de 51 a 72 años de edad recibieron un suplemento diario de 3 g o placebo durante 5 semanas, separadas por 5 semanas sin ningún tipo de suplemento. Tras los periodos de omega-3 y de placebo, los sujetos realizaron tests cognitivos de memoria de trabajo. La suplementación con omega-3 obtuvo mejores resultados en comparación con el placebo; además, disminuyó la presión arterial sistólica y los triglicéridos, ambos factores de riesgo cardiometabólico. Esta relación sugiere los posibles beneficios de una prevención dietética temprana para evitar el deterioro cognitivo relacionado con los trastornos cardiometabólicos.

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